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Lluvia de verano en Chile: qué significa para los productores de fruta

17 milímetros en 60 minutos bastaron para que Botrytis, pudrición ácida y Penicillium encontraran su ventana. Una temporada ya retrasada por la primavera seca enfrenta ahora su prueba más difícil.

By:Sofia Cáceres

El 1 de febrero de 2026, Santiago amaneció bajo un cielo que nadie esperaba. En apenas 60 minutos cayeron 17 milímetros de agua. Para cualquier capitalino, el evento fue una anécdota meteorológica. Para los productores de fruta, y especialmente uva de la zona central, fue el inicio de un gran dolor de cabeza.

Las lluvias de verano en plena temporada de cosecha representan uno de los escenarios más temidos en la fruta que aún no ha sido cosechada, principalmente uva de mesa y de vid.

La temporada 2025-2026 ya venía complicada antes de que cayera la primera gota.

La primavera de 2025 fue seca y calurosa. El déficit de precipitación acumulado durante el invierno osciló entre 19% y 34% según la zona. Entre Valparaíso y Santiago, la falta de agua alcanzó casi el 19%. Más al sur, entre San Fernando y Chillán, el déficit promedio llegó a 34%.

¿El resultado? Para el caso de la uva, esta se atrasó. Los racimos simplemente no maduraron cuando debían. La fruta no lograba acumular el azúcar necesario para alcanzar los estándares de exportación.

Entonces, este año llegó la lluvia.

Las precipitaciones de verano crean condiciones perfectas para el desarrollo de enfermedades fúngicas. La humedad persistente sobre la fruta es una invitación abierta para patógenos que llevaban meses esperando su oportunidad.

Enemigos a cuidar

Botrytis cinerea: el patógeno más temido

La pudrición gris causada por este hongo es el problema sanitario número uno en las zonas productoras de uva de mesa chilena. Su versatilidad lo hace particularmente peligroso.

Puede desarrollarse en temperaturas que van desde 0°C hasta 25°C. Su rango óptimo se sitúa entre 15°C y 20°C. Bajo condiciones de alta humedad o lluvia, la infección se activa con rapidez. Y cuando las temperaturas suben después del evento climático, el desarrollo del hongo se acelera.

La experiencia de enero de 2021 es un recordatorio importante. Durante ese verano, lluvias similares activaron el hongo con graves consecuencias. Ni siquiera los programas de control más intensivos lograron contener las pérdidas.

Pudrición ácida: cuando las levaduras toman el control

Esta enfermedad es particularmente compleja porque involucra varios microorganismos. Levaduras y bacterias trabajan en conjunto, todos con un perfil similar: son buenos fermentadores que se alimentan del azúcar presente naturalmente en las bayas.

Los síntomas son distintivos. La epidermis de la baya se pardea. La pulpa se descompone. Un líquido característico comienza a exudar de la fruta dañada.

Ese líquido atrae a un visitante indeseado: Drosophila spp., conocida popularmente como la mosquita del vinagre.

Las nuevas variedades que dominan el mercado actual agravan el problema. Están caracterizadas por un alto contenido de azúcar y una cosecha tardía. Ambos factores aumentan el riesgo de pudrición ácida. Sumado a eventos climáticos extremos como las lluvias de verano, el control debe ser particularmente riguroso.

Penicillium spp.: oportunista que aprovecha las heridas

El moho verde o azul comenzó a ser un problema serio a partir del año 2000. Este hongo coloniza las heridas y partiduras que se producen en las bayas tras la lluvia.

Aunque Botrytis sigue siendo la amenaza principal, Penicillium debe considerarse en cualquier estrategia de control. Especialmente en variedades propensas a las partiduras.

Los especialistas coinciden en un punto fundamental: el manejo exitoso ante lluvias de verano requiere una combinación de medidas.

Es la sumatoria de medidas lo que reduce las probabilidades de infección.

Antes de la lluvia: el timing lo es todo

El momento de las aplicaciones fungicidas es crítico. Los productos deben estar aplicados entre 24 y 48 horas antes del evento de lluvia.

El producto debe estar incorporado a las cutículas de la fruta. De lo contrario, la precipitación simplemente lo lava.

Los fungicidas son fundamentales. Pero el manejo cultural es igualmente crítico.

Por ello es esencial realizar un análisis crítico del estado de los parrones. Ventilación e iluminación son las palabras clave.

Después de la lluvia

Apenas sea posible ingresar con tractores al parrón, hay que aplicar. El tiempo es crítico.

En caso de lluvias importantes o de varios días de duración, se debe aplicar nuevamente productos fungicidas específicos a 5 días de la primera aplicación.

Una medida adicional es secar el agua libre de los racimos utilizando turbos con aire. Esto reduce las horas de humedad sobre la fruta. Disminuye la probabilidad de que los patógenos inicien su colonización.

No se debe descuidar las aplicaciones de insecticidas. Especialmente en zonas con presencia de Lobesia (Polilla del racimo de la vid).

Manejar las poblaciones de la mosquita del vinagre lo más bajo posible es parte del trabajo de toda la temporada. Pero se hace mucho más necesario en un escenario de alta humedad, calor y presencia de partiduras.

Para variedades en cosecha, será necesario realizar una evaluación exhaustiva del daño en cada cuartel. Los expertos recomiendan aplicar apenas se pueda ingresar. Realizar los tratamientos con fungicidas. Y luego respetar los días de carencia antes de volver a cosechar.

Lo que se viene

El escenario es desafiante. Las lluvias de verano sobre fruta en madurez configuran lo que los expertos llaman un evento en desarrollo. Las medidas de control enfrentan enormes desafíos para ser efectivas cuando las condiciones ya se han desencadenado.

En cualquier caso, la preparación y el manejo integrado marcarán la diferencia entre quienes logren salvar parte de su producción y quienes vean cómo el trabajo de un año se disuelve bajo la lluvia de febrero.